Assemblée Mondiale Amazighe

De la “Unión del Magreb Árabe” a la “Unión de Tamazgha”: Rachid Raha, la reivindicación amazighe y los fundamentos identitarios de la integración norteafricana

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Por Dr. Mohamed Chtatou

Resumen

Este ensayo examina la propuesta de Rachid Raha, presidente de la Asamblea Mundial Amazighe (AMA), de disolver la «Unión del Magreb Árabe» (UMA) en favor de una «Unión de Tamazgha», una entidad política fundada en la identidad civilizatoria amazighe compartida por los pueblos del África del Norte. Mediante un análisis de las debilidades estructurales de la Unión del Magreb Árabe (UMA) desde su fundación en 1989, la construcción del nacionalismo árabe en el Magreb, la dinámica del Movimiento Amazigh contemporáneo, los marcos teóricos de la etnicidad y el regionalismo, y los desafíos geopolíticos propios de la región del Norte de África, este ensayo sostiene que la propuesta de Raha constituye tanto un diagnóstico pertinente de los impasses ideológicos de la integración del Magreb como un proyecto normativo cuya viabilidad se enfrenta a considerables obstáculos políticos, demográficos y geoestratégicos. Concluye sugiriendo que el principal valor de la idea de una Unión de Tamazgha reside menos en su aplicabilidad inmediata que en su capacidad para desestabilizar los discursos oficiales y abrir un espacio de reflexión sobre las condiciones para una integración regional genuinamente pluralista.

  1. Introducción: Una propuesta explosiva en medio de una crisis

En diciembre de 2011, durante la sexta asamblea general del Congreso Mundial Amazigh, celebrada en Bruselas, los delegados bereberes propusieron un ambicioso proyecto político: el «Manifiesto Tamazgha», que fue respaldado por la séptima asamblea general en diciembre de 2013 en la ciudad marroquí de Tiznit. El Congreso Mundial Amazigh, posteriormente rebautizado como Asamblea Mundial Amazighe (AMA), lanzó un contundente llamamiento: sustituir la Unión del Magreb Árabe (UMA) por una «Unión de Tamazgha», un espacio político fundado no en la lengua árabe ni en la religión islámica compartidas, sino en la pertenencia de los pueblos del África del Norte a la misma matriz civilizatoria amazighe. Si bien la propuesta no es del todo nueva en los círculos activistas bereberes, su formulación explícitamente institucional —la disolución de una organización intergubernamental existente y la creación de una estructura alternativa basada en un principio de identidad diferente— le confiere una relevancia política sin precedentes en la historia del Movimiento Amazigh.

La Unión del Magreb Árabe (UMA), fundada el 17 de febrero de 1989 en Marrakech por Marruecos, Argelia, Túnez, Libia y Mauritania, ha encarnado durante más de tres décadas una promesa de integración regional que se ha visto sistemáticamente frustrada. No se ha celebrado ninguna cumbre de jefes de Estado desde 1994; el comercio intrarregional representa apenas el 3 % del comercio exterior de los países miembros, según datos del Banco Mundial (2020); y el cierre de la frontera argelino-marroquí desde 1994 ha transformado la zona destinada a la integración en una de las menos interconectadas del mundo. En este contexto de parálisis prolongada, la propuesta de Raha resuena como un desafío no solo para los gobiernos, sino para todo el paradigma intelectual que ha configurado la construcción de la identidad magrebí desde la independencia.

El desafío analítico es doble. Por un lado, se trata de comprender por qué fracasó la Unión del Magreb Árabe (UMA) y hasta qué punto este fracaso es estructural más que circunstancial, vinculado a conflictos personales, rivalidades entre regímenes y la cuestión del Sáhara Occidental, o arraigado en una concepción cuestionable de los fundamentos de la identidad de la región. Por otro lado, es necesario evaluar la propuesta amazigh en sí misma: su coherencia interna, sus recursos históricos, sus ambiciones normativas y sus limitaciones prácticas. Este ensayo se estructura en seis partes: tras esta introducción, examina las causas subyacentes del fracaso de la UMA; traza la historia y el desarrollo del nacionalismo amazigh como fuerza política; analiza la propuesta de Raha en sus dimensiones conceptuales y programáticas; confronta este proyecto con las realidades geopolíticas y sociales del Magreb contemporáneo; antes de concluir con las implicaciones más amplias de este debate para la teoría política y los estudios regionales.

  1. La Unión del Magreb Árabe: Anatomía de un Fracaso Estructural

2.1 Las Promesas de 1989 y su Contexto

La fundación de la Unión del Magreb Árabe (UMA) se produjo en un contexto dual de distensión regional y creciente tercermundismo. En 1988, Marruecos y Argelia habían restablecido relaciones diplomáticas, interrumpidas desde 1976; la guerra Irán-Irak estaba llegando a su fin; y la caída del Muro de Berlín aún no había supuesto el fin de los proyectos colectivos en el Sur Global. El Tratado de Marrakech, firmado el 17 de febrero de 1989, pretendía ser el equivalente magrebí del Tratado de Roma: una comunidad económica destinada a fusionar gradualmente sus mercados, armonizar sus políticas y, en última instancia, dotar a la región de una voz común en el ámbito internacional.

Los objetivos iniciales eran ambiciosos: libre circulación de personas y mercancías, coordinación de las políticas económicas y financieras, establecimiento de un arancel externo común y, posteriormente, una unión aduanera y, finalmente, un mercado común. La estructura institucional incluía un Consejo Presidencial (Jefes de Estado), un Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores, un Consejo Asesor, un Comité de Seguimiento y un Tribunal de Justicia. Sobre el papel, una estructura coherente. En la práctica, una cáscara vacía.

2.2 Factores de Parálisis

La literatura académica identifica varios conjuntos de factores que explican la parálisis de la Unión del Magreb Árabe (UMA). El primero, y el más relevante, es el conflicto del Sáhara Occidental. La cuestión del estatus del Sáhara Occidental —reclamado por Marruecos como parte integrante de su territorio nacional desde la «Marcha Verde» de 1975, y defendido por el Frente Polisario como un Estado naciente con el apoyo de Argelia— ha envenenado las relaciones argelino-marroquíes y ha imposibilitado cualquier acuerdo duradero en el seno de la UMA. El cierre de la frontera argelino-marroquí en 1994, oficialmente en respuesta a un atentado terrorista en Marrakech del que Rabat culpó a ciudadanos argelinos, consolidó esta división geopolítica. A pesar de los recientes esfuerzos diplomáticos —en particular bajo los auspicios estadounidenses en 2025-2026—, la disputa sigue sin resolverse fundamentalmente.

El segundo factor reside en la diferencia de modelos de desarrollo y regímenes políticos. El Marruecos monárquico, la Argelia militar-presidencial, la Túnez posterior a Ben Ali, sumida en una transición democrática interrumpida, Libia, en guerra civil desde 2011, y la Mauritania semidemocrática conforman un grupo políticamente heterogéneo cuyos líderes comparten pocos intereses convergentes a corto plazo. A diferencia de la Unión Europea, de la que se inspiró en cierta medida, la Unión del Magreb Árabe (UMA) no ha contado con un marco institucional supranacional suficientemente vinculante para superar los intereses divergentes de sus Estados miembros.

El tercer factor, menos analizado en la literatura convencional pero fundamental desde la perspectiva amazigh, es la fragilidad de la identidad arabista sobre la que se asienta la Unión del Magreb Árabe (UMA). Al optar por basar la identidad magrebí en la lengua árabe y la pertenencia al mundo árabe-islámico, los artífices de la UMA realizaron una selección ideológica que excluyó o marginó otros componentes de la identidad norteafricana, principalmente la identidad amazigh, pero también las herencias subsahariana, mediterránea y judía. Para Bruce Maddy-Weitzman, esta elección no fue neutral: reflejaba la hegemonía del nacionalismo arabista entre las élites poscoloniales del Norte de África y su uso deliberado como instrumento de construcción nacional y legitimación del poder.

El cuarto factor es económico. La estructura de las economías del Magreb —dominada por los hidrocarburos en Argelia y Libia, por la agricultura y los servicios en Marruecos, y por la industria ligera en Túnez— es más competitiva que complementaria. Los flujos comerciales intrarregionales, obstaculizados por altos aranceles, barreras no arancelarias, la falta de armonización regulatoria y el cierre físico de fronteras, nunca han alcanzado los niveles que podrían haber creado poderosos grupos de interés regionales capaces de defender la integración frente a la resistencia política. El Banco Mundial (2020) estimó que los costos de la falta de integración del Magreb ascienden a varios puntos porcentuales del PIB anual para cada país miembro.

El quinto factor es la cuestión de la hegemonía regional. Ni Marruecos ni Argelia estaban dispuestos a aceptar la preeminencia del otro dentro de la organización, y ninguno poseía el poder económico y demográfico suficiente para imponer su visión a toda la región, como Alemania en Europa o Brasil en Sudamérica. Este vacío de liderazgo condenó a la Unión del Magreb Árabe (UMA) al estancamiento.

  1. El Movimiento Amazigh contemporáneo: de la resistencia cultural a la reivindicación política

3.1 Génesis y fundamentos de la reivindicación bereber

El Movimiento Amazigh contemporáneo tiene su origen en las profundas contradicciones del nacionalismo árabe magrebí del siglo XX. Los movimientos independentistas —el FLN en Argelia, el Istiqlal en Marruecos y el Destour en Túnez— adoptaron, en mayor o menor medida, la arabización como su principal proyecto político, considerando la identidad amazigh como un vestigio premoderno destinado a disolverse en la modernidad árabe o como un obstáculo para la unidad nacional que debía ser neutralizado. El árabe se impuso como lengua de la administración, la educación y el prestigio; las lenguas bereberes fueron relegadas al ámbito doméstico y estigmatizadas como dialectos sin escritura ni literatura, una descripción que los activistas bereberes llevan décadas refutando.

La primera gran manifestación de la resistencia amazigh fue la « Primavera Bereber » argelina de abril de 1980, cuando la prohibición por parte de las autoridades de una conferencia del lingüista Mouloud Mammeri en la Universidad de Tizi Ouzou desencadenó manifestaciones masivas en Kabilia, que fueron severamente reprimidas. Este acontecimiento crucial reveló dos aspectos esenciales: la profunda indignación amazigh hacia la arabización forzada y la disposición de los estados del Magreb a sofocar cualquier desafío identitario considerado una amenaza para la cohesión nacional. La Primavera Bereber (Tafsut Imazighen) de 1980 inauguró una larga serie de movilizaciones, marcadas por una segunda « Primavera Negra » en Kabilia en 2001 (la represión sangrienta de una revuelta provocada por el asesinato de un estudiante de secundaria a manos de la gendarmería), por huelgas escolares y boicots electorales, y por el surgimiento de organizaciones pan-bereberes transnacionales.

En Marruecos, el Movimiento Amazigh ha seguido una trayectoria distintiva pero convergente. La publicación del «Manifiesto Bereber» en el año 2000 por un grupo de intelectuales marroquíes, seguida de la creación en 2001 del Real Instituto de Cultura Amazigh (IRCAM) por Mohammed VI, marcó un reconocimiento oficial parcial de la identidad amazigh, antes de que la Constitución de 2011 consagrara el tamazight como lengua oficial por primera vez, junto con el árabe. Esta evolución constitucional, lograda en el contexto de lo que llamamos “Primavera Árabe”, representa un importante punto de inflexión simbólico, aunque su implementación práctica sigue siendo muy limitada, particularmente en los ámbitos de la educación y la administración.

3.2 La Asamblea Mundial Amazigh y Rachid Raha

La Asamblea Mundial Amazigh (AMA), anteriormente conocida como Congreso Mundial Amazigh (CMA), fundada en 1995 en un congreso constituyente en Saint-Rome-de-Dolan, Francia, es una de las organizaciones amazighs transnacionales más representativas. Reúne a asociaciones y activistas de Marruecos, Argelia, Túnez, Libia, Malí, Níger, Islas Canarias, Francia y otros países de Europa y Norteamérica, afirmando así representar a todo el pueblo amazigh en su dispersión geográfica. Su presencia en las instituciones de las Naciones Unidas le otorga legitimidad internacional, que los gobiernos del África del Norte han intentado cuestionar en repetidas ocasiones.

Rachid Raha, nacido en 1964 en la ciudad de Nador (región del Rif, Marruecos) y residente en España durante varias décadas, con doble nacionalidad marroquí y española, presidió la AMA/CMA de 1999 a 2002, nuevamente en 2018 y desde 2013 hasta la actualidad. Antropólogo de formación y periodista de profesión, encarna a una generación de activistas amazighies de la diáspora europea que combinan habilidades técnicas, fuertes vínculos con redes internacionales de la sociedad civil y un discurso radical basado en la identidad. A diferencia de algunos activistas amazighs que operan dentro de un marco reformista (reconocimiento de los derechos culturales dentro de los estados existentes), Raha defiende una visión estructuralmente más subversiva: cuestiona no solo las políticas culturales de los estados del África del Norte, sino también sus fundamentos de identidad y, en consecuencia, su legitimidad para representar a pueblos cuya identidad árabe es una construcción poscolonial impuesta.

La propuesta de la Unión de Tamazgha forma parte de esta visión. Raha articula un argumento en varios niveles: un nivel histórico (los imazighen son los habitantes originales y continuos del Norte de África durante milenios, anteriores a cualquier arabización); un nivel cultural (la lengua, las artes, las prácticas sociales y los sistemas de valores amazighies constituyen un sustrato de identidad compartido por todos los pueblos del África del Norte, independientemente de su religión o práctica lingüística actual); un nivel político (la Unión del Magreb Árabe ha fracasado porque se basa en una identidad árabe que no es la realidad profunda de la región); y un nivel institucional (una unión fundada en la amazighidad podría superar las divisiones artificiales heredadas del colonialismo y el arabismo poscolonial).

  1. La Unión de Tamazgha: Análisis de un Proyecto Político

4.1 La Noción de Tamazgha: Contenido e Historia

El término «Tamazgha» (del prefijo bereber *t-*, que denota lo femenino y lo colectivo, y la raíz *Mazigh*/*Amazigh*, cuyo significado original evoca la noción de «hombre noble» o «hombre libre») designa, en la terminología amazighe contemporánea, todas las tierras históricamente habitadas por los imazighen: desde las Islas Canarias y el oeste de Marruecos hasta el oasis de Siwa en Egipto, desde la costa mediterránea hasta las zonas limítrofes del Sahara en Níger y Malí. Como concepto geográfico y cultural, abarca un área significativamente mayor que la de la Unión del Magreb Árabe (UMA), incluyendo partes de Mauritania, Malí, Níger, Burkina Faso y Egipto.

La construcción de Tamazgha como espacio político de referencia es relativamente reciente en el pensamiento amazigh militante. Si bien la conciencia de un parentesco cultural entre los hablantes de bereber en el África del Norte existía desde hacía tiempo en los círculos intelectuales, fue en las décadas de 1970 y 1980 cuando la idea de una « nación amazighe » con territorio propio comenzó a tomar forma coherente en textos activistas. La referencia a la escritura tifinagh (el alfabeto bereber tradicional, ahora reconocido oficialmente como alfabeto tamazight en Marruecos) como símbolo unificador, y a figuras históricas pan-amazigh como Yugurtha, Tacfarinas, Kahina y Masinisa como un panteón compartido, contribuyó a esta construcción nacional.

Sin embargo, es importante destacar las tensiones internas dentro de este proyecto de definición de la identidad Tamazgha. La « bereberidad » es en sí misma una construcción, en el sentido de que no todas las poblaciones contemporáneas del África del Norte se identifican con esta identidad, y la frontera entre « bereber » y « arabizado » es más un continuo sociolingüístico que una línea divisoria clara. Millones de marroquíes, argelinos y tunecinos que ya no hablan bereber en su vida cotidiana, sin embargo, muy probablemente descienden de poblaciones de habla bereber; su pertenencia a Tamazgha depende de la definición —genealógica, lingüística, cultural o subjetiva— que se adopte. Esta cuestión de definición dista mucho de estar resuelta en la literatura académica.

4.2 El proyecto institucional: ambiciones y contenido

En sus declaraciones públicas y escritos activistas, Rachid Raha esboza los contornos de una «Unión de Tamazgha» fundada en varios principios distintivos. En primer lugar, el pluralismo lingüístico: a diferencia de la Unión del Magreb Árabe (UMA), que sitúa el árabe en el centro de la identidad regional, la Unión de Tamazgha reconocería la pluralidad de lenguas amazighies (tamazight marroquí, Kabil, shawiya, tamasheq, etc.) como fundamento común de la identidad, sin excluir el uso del árabe, el francés u otras lenguas. En segundo lugar, la descolonización de las instituciones: al rechazar las fronteras heredadas del colonialismo francés, español e italiano —que delimitaron artificialmente espacios amazighs coherentes—, la Unión de Tamazgha aspiraría a una reorganización territorial más fiel a las realidades humanas y culturales precoloniales. En tercer lugar, la gobernanza descentralizada: inspirada en parte por los modelos de gobernanza tradicionales amazighs (el consejo de ancianos, el yemaa, el ait arba’în o el agraw), una Unión de Tamazgha debería, según Raha, basarse en organismos locales y regionales con auténtica autonomía, en lugar de aparatos estatales centralizadores.

La dimensión de la justicia política también es fundamental para el proyecto de Raha. La Unión de Tamazgha pretende ser una respuesta a décadas de marginación de las poblaciones amazighes dentro de sus respectivos estados: exclusión de las lenguas amazighes de la educación y la administración, persecución de activistas culturales y saqueo de los recursos naturales en las regiones pobladas por los Amazighs (Kabilia en Argelia, el Rif en Marruecos y las regiones tuaregs en Malí y Níger) sin una redistribución equitativa. Desde esta perspectiva, la Unión de Tamazgha no es solo una propuesta de ingeniería regional, sino un proyecto de reparación histórica, lo que podría describirse, tomando prestada la teoría poscolonial, como un esfuerzo de «descolonización de la identidad».

4.3 Marcos teóricos: Etnicidad, nacionalismo y regionalismo

Desde la perspectiva de la teoría política y los estudios regionales, la propuesta de Raha se alinea con varias corrientes analíticas que merecen mayor explicación. La primera es el debate clásico entre primordialismo y constructivismo en el estudio de las identidades étnicas. Las teorías primordialistas —asociadas a autores como Clifford Geertz en sus primeros trabajos— consideran las afiliaciones étnicas como hechos naturales e irreductibles que preceden a la formación del Estado. Las teorías constructivistas —representadas notablemente por Benedict Anderson y Ernest Gellner— insisten, por el contrario, en la naturaleza históricamente situada y políticamente construida de cualquier identidad nacional o étnica. El discurso de Raha se nutre de ambos registros: afirma la profundidad histórica de la identidad amazighe (primordialismo) al tiempo que reconoce implícitamente que debe cultivarse e institucionalizarse activamente para convertirse en la base de un proyecto político (constructivismo).

El segundo marco relevante es el del nuevo regionalismo, desarrollado principalmente por Björn Hettne y Fredrik Söderbaum. A diferencia de las teorías realistas del regionalismo, que reducen la integración regional a la cooperación interestatal basada en intereses materiales, el nuevo regionalismo enfatiza las dimensiones identitarias, normativas y sociales de los proyectos regionales. Desde esta perspectiva, una región no es solo un espacio geográfico y económico, sino también una comunidad de significado y destino que sus actores construyen activamente. La Unión de Tamazgha se ajusta perfectamente a este marco: busca fundamentar la integración regional en una comunidad de identidad preexistente, en lugar de en instituciones intergubernamentales creadas desde cero.

El tercer marco es el de los movimientos de los pueblos indígenas en el derecho internacional contemporáneo. La Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (UNDRIP), adoptada en 2007, reconoce el derecho de los pueblos indígenas a la libre autodeterminación, a la preservación y el desarrollo de su identidad cultural, y al ejercicio del control sobre sus tierras, territorios y recursos (ONU, 2007). El Movimiento Amazigh utiliza cada vez más este marco normativo, reivindicando la condición de pueblo indígena del África del Norte, una designación que los gobiernos argelino y marroquí cuestionan, ya que rechazan la aplicación de este concepto a sus propias poblaciones.

  1. Desafíos geopolíticos, sociales e institucionales de la Unión de Tamazgha

5.1 Resistencia estatal y la cuestión de la soberanía

La primera y más inmediata limitación del proyecto de Raha es la previsible resistencia de los estados del Norte de África. Ningún gobierno de la región —ni Rabat, ni Argel, ni Túnez, ni Trípoli, ni Nuakshot— ha mostrado el más mínimo interés en una propuesta que pondría en entredicho tanto su legitimidad basada en la identidad (fundada en la identidad árabe), como su integridad territorial (el proyecto Tamazgha transgrede las fronteras estatales actuales) y su soberanía (una unión basada en la identidad amazighe implicaría formas de gobernanza que van más allá de las instituciones estatales existentes). En Argelia, donde la Constitución de 2016 reconoció el tamazight como lengua oficial por primera vez, manteniendo al mismo tiempo el predominio del árabe y reprimiendo a las comunidades mozabitas y los movimientos autonomistas en Kabilia (en particular, el Movimiento por la Autodeterminación de Kabilia, MAK, clasificado como organización terrorista por Argel desde 2021), la perspectiva de una Unión de Tamazgha se percibiría inmediatamente como una amenaza secesionista.

En Marruecos, la situación es paradójicamente más compleja. La monarquía alauita ha hecho del reconocimiento de la identidad amazighe uno de los pilares de su discurso de legitimación nacional desde la década de 2000: el Real Instituto de Cultura Amazigh (IRCAM), el reconocimiento constitucional del tamazight en 2011 y el « tríptico » oficial de identidad (amazigh, árabe, africana) constituyen un progreso real que distingue a Marruecos de sus vecinos. Pero este reconocimiento se enmarca dentro del Estado-nación marroquí existente y su proyecto de integridad territorial; de ninguna manera implica simpatía por la idea de una entidad política amazighe transnacional que disolviera o compitiera con el Estado marroquí. Rabat acepta la identidad amazighe como un componente de la identidad marroquí; no la aceptaría como principio de una organización política supranacional.

La cuestión de Libia y Mauritania añade más complejidad. Desde el colapso del régimen de Gadafi en 2011, Libia se encuentra dividida entre facciones rivales y carece de un gobierno central capaz de participar en cualquier proyecto de integración regional. Mauritania, un Estado que se sitúa entre el mundo árabe, el mundo bereber y el África subsahariana, mantiene una relación ambivalente con el Movimiento Amazigh: los bereberes mauritanos (en particular los znaga) representan una minoría dentro de una población demográficamente dominada por grupos árabe-bereberes y poblaciones africanas negras.

5.2 Diversidad interna en el mundo amazigh

Un segundo conjunto de desafíos surge de la propia diversidad interna del mundo amazigh. La noción de un «pueblo amazigh» como entidad política unificada abarca una realidad lingüística, cultural y geográfica sumamente fragmentada. Los lingüistas distinguen al menos una docena de variedades bereberes distintas, desde el tashelhit marroquí (hablado por más de 8 millones de personas) hasta el tamasheq tuareg (hablado por menos de un millón de personas repartidas por varios estados del Sahel), e incluyendo el kabilio argelino, el shawiya de Aurès, el tamazight rifeño, el siwi egipcio y varias variedades libias. Estas variedades no son mutuamente inteligibles, y la idea de una «lengua amazighe» unificada —de la cual el tamazight marroquí estandarizado representa un intento de codificación— sigue siendo tanto un proyecto político como una realidad lingüística.

La diversidad se extiende más allá de la lingüística. Los imazighen de Marruecos viven en contextos sociales, económicos y políticos muy diferentes a los de los kabilios argelinos, quienes a su vez difieren profundamente de los tuaregs de Malí o Níger. Las reivindicaciones políticas de Kabilia —centradas principalmente en la independencia— no coinciden necesariamente con las de los tuaregs del Sahel, cuyos recurrentes conflictos armados con los estados maliense y nigerino tienen una dimensión económica (control de los recursos minerales) y de seguridad, además de una dimensión identitaria. Construir una solidaridad política amazighe que trascienda estas diferencias es un proyecto, no algo que se dé por sentado.

Paul Silverstein, en su estudio sobre la diáspora bereber franco-marroquí, demostró cómo la identidad amazighe contemporánea se construye en gran medida dentro de contextos diaspóricos europeos, donde la distancia del país de origen fomenta la generalización y la abstracción de la identidad. El «berberismo» expresado en asociaciones parisinas o barcelonesas suele ser más homogéneo y radical que las identidades amazighies vividas en Marruecos o en Argelia, donde las divisiones regionales, tribales, religiosas y de clase se entrelazan con la dimensión lingüística de una manera más compleja. Esta observación no invalida la reivindicación amazighe, pero sí exige cautela respecto a la suposición de que «los Amazighs» constituyen una comunidad política naturalmente cohesionada, dispuesta a apoyar el proyecto de una Unión de Tamazgha.

5.3 La cuestión demográfica y la realidad de la arabización

Un tercer desafío es de naturaleza demográfica. Las estimaciones sobre el número de hablantes de lenguas bereberes en el Norte de África varían considerablemente según las fuentes: los estados norteafricanos tienden a subestimar la proporción de sus ciudadanos que hablan un idioma bereber, mientras que los activistas amazighs tienden a sobreestimarla. Las cifras más fiables sugieren que los hablantes de lenguas bereberes representan aproximadamente entre el 40 y el 45 % de la población marroquí, entre el 30 y el 35 % de la argelina, entre el 1 y el 2 % de la tunecina, y proporciones variables en Libia, Mauritania, Malí y Níger. En otras palabras, la mayoría de los habitantes del África del Norte no hablan una lengua bereber como lengua materna, a pesar de que la mayoría desciende de poblaciones de habla bereber.

Esta realidad demográfica supone un desafío fundamental para el proyecto de Raha: si la Unión de Tamazgha se define por el idioma, excluye de facto a la mayoría de los tunecinos, a gran parte de los argelinos y marroquíes, y a casi todos los libios. Si se define por la ascendencia o la «profunda identidad bereber», independientemente del idioma, se cae en un esencialismo genealógico cuyas implicaciones políticas son, cuanto menos, problemáticas. Y si se define por la adhesión voluntaria a un proyecto de identidad amazighe, nos encontramos ante un constructivismo radical cuya base popular es difícil de evaluar, pero probablemente limitada a círculos activistas.

La arabización de las poblaciones del Norte de África, si bien es en parte producto de políticas poscoloniales deliberadas, es también el resultado de un proceso histórico de siglos de duración que comenzó ya en el siglo VII y produjo realidades culturales, lingüísticas y identitarias profundamente arraigadas que no pueden considerarse meras máscaras que ocultan una identidad amazighe original. Millones de hablantes de árabe magrebí no se perciben a sí mismos, ni desean percibirse, como Amazighs arabizados; su identidad es árabo-islámica en un sentido que les es propio y que no puede reducirse a la alienación colonial.

5.4 Las contradicciones internas del proyecto y la cuestión tuareg

Un cuarto conjunto de desafíos surge de las contradicciones internas que genera la extensión del proyecto Tamazgha a las poblaciones tuaregs del Sahel. Los tuaregs —los imazighen del Sáhara, cuyas demandas políticas se expresan principalmente en Malí y Níger— han experimentado ciclos de rebelión armada, negociación y violencia renovada desde la década de 1990, lo que ha desestabilizado profundamente a estos estados. Incluir a estas poblaciones en el proyecto Tamazgha implica gestionar conflictos armados persistentes, reivindicaciones territoriales que involucran a terceros estados soberanos (Malí, Níger) y una dinámica geopolítica saheliana dominada por múltiples actores —antiguos colonizadores franceses, presencias militares estadounidenses y rusas, y yihadistas— que se extiende mucho más allá de la dimensión amazighe.

Además, los propios tuaregs están profundamente divididos entre quienes favorecen la integración en los estados existentes, quienes abogan por la autonomía regional y quienes apoyan proyectos separatistas como Azawad (proclamado unilateralmente en 2012 antes de ser aplastado militarmente). La solidaridad transnacional amazighe no borra estas divisiones, sino que las recubre con una fachada ideológica cuya coherencia política aún está por demostrarse.

  1. Conclusión: El valor heurístico de una utopía política

Al finalizar este análisis, es importante distinguir varios niveles de valoración de la propuesta de Rachid Raha. Desde una perspectiva diagnóstica, su análisis de las causas del fracaso de la Unión del Magreb Árabe (UMA) es sustancialmente correcto: la organización no solo sufrió las rivalidades interestatales y el conflicto sahariano, sino también una base identitaria arabista cuya capacidad para movilizar a las poblaciones del África del Norte en toda su diversidad siempre ha sido limitada y cuestionada. En este sentido, la crítica amazighe a la UMA aporta una valiosa contribución a la reflexión sobre las condiciones para una integración regional sostenible.

Desde la perspectiva de los aspectos positivos del proyecto, la valoración es más ambigua. La Unión de Tamazgha, tal como la propone la Asamblea Mundial Amazighe y su presidente Rachid Raha, se enfrenta a obstáculos que no pueden superarse únicamente con voluntad política: la fragmentación lingüística y cultural del mundo amazigh, la realidad de la arabización histórica, la resistencia de los estados soberanos y las contradicciones internas del propio proyecto. Estos obstáculos no implican que la reivindicación amazighe sea ilegítima —lo es plenamente, histórica, moral y legalmente (artículos 3 y 11 de la DNUDPI: www.un.org/esa/socdev/unpfii/documents/DRIPS_es.pdf )—, sino que sugieren que su traducción institucional en una entidad política alternativa a la Unión del Magreb Árabe (UMA) resulta, a corto y medio plazo, inalcanzable.

Sin embargo, es importante no reducir la propuesta de Raha a su grado de aplicabilidad inmediata. Las utopías políticas poseen un valor heurístico único: sirven para desestabilizar supuestos, cuestionar lo que parece evidente y abrir espacios de reflexión que la realpolitik cierra. Al proponer la “Unión de Tamazgha”, Raha plantea interrogantes que los artífices de la Unión del Magreb Árabe (UMA) siempre han evitado: ¿En qué identidad debería basarse la integración regional del África del Norte? ¿Quiénes son los pueblos del Magreb en su verdadera diversidad? ¿Es la identidad árabe poscolonial un fundamento suficiente para una integración duradera? Estas preguntas merecen ser planteadas, y se formulan con creciente intensidad, sobre todo desde los levantamientos democráticos populares, conocidos como la “Primavera Árabe de 2011”, que pusieron de manifiesto la fragilidad de las identidades nacionales construidas durante décadas de nacionalismo autoritario.

El debate en torno a la Unión de Tamazgha forma parte de una tendencia subyacente más amplia: el resurgimiento de las identidades subnacionales y transnacionales en un mundo donde el Estado-nación westfaliano se encuentra bajo presión en todos los ámbitos: la globalización, la migración, las demandas de los pueblos indígenas y la crisis de las grandes narrativas nacionales. Desde esta perspectiva, la propuesta de Raha no es tanto una anomalía como un síntoma más de una reconfiguración global de las identidades políticas que afecta al Magreb al igual que al resto del mundo.

Una posible síntesis, que merece mayor desarrollo en trabajos futuros, consistiría en concebir la Unión de Tamazgha no como un sustituto de la Unión del Magreb Árabe (UMA), sino más bien como una refundación de la UMA sobre bases identitarias pluralistas que reconozcan explícitamente el componente amazigh de la identidad magrebí, sin establecerlo como su fundamento exclusivo. Este enfoque seguiría la línea de la obra de Amartya Sen sobre la pluralidad de identidades y su irreductibilidad a una sola afiliación, y la de Will Kymlicka sobre los derechos de las minorías en las democracias liberales. Nos permitiría abordar el fracaso de la Unión del Magreb Árabe (UMA) no como un motivo para disolverla, sino como una invitación a repensar sus fundamentos para que reflejen mejor la complejidad de las sociedades reales del África del Norte, en toda su diversidad amazighe, árabe, africana, mediterránea y humana. La paz y la integración regional en el Magreb, si llegan a materializarse, sin duda no se lograrán mediante la homogeneización de la identidad —ya sea arabista o amazighe—, sino mediante el reconocimiento y la valoración de la pluralidad como fundamento mismo del proyecto común. En este sentido, Rachid Raha, aun cuando su propuesta de Unión de Tamazgha sea cuestionable en sus modalidades, merece reconocimiento por haber planteado la cuestión de la identidad con una franqueza y un radicalismo ausentes en el debate sobre la integración regional en el Magreb. Esto ya constituye un logro significativo.

Versión original y referencias:

https://amadalamazigh.press.ma/fr/de-lunion-du-maghreb-arabe-a-lunion-de-tamazgha-rachid-raha-la-revendication-amazighe-et-les-fondements-identitaires-de-lintegration-nord-africaine/

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